Magnifica Irreal III


Magnifica irreal él la llamaba…
Aun recuerda la primera vez y como la miraba.
No estaba muy lejos… a unos pasos muy cerca de la barra,
Se veía perdida, como si a alguien ella esperaba.
Pudo reconocerla desde esa primera vez.

Quedo hipnotizado mirándola tratando de recordar si la había visto antes.
Se atrevió a acercarse como empujado por una fuerza que a él era extraña.

-Disculpa, no sé si tu… tu, yo… ¿nos conocemos?

Ella sonreía y con sus ojitos entre abiertos lo miraba, como atenta a cuál sería su siguiente frase mal pronunciada.
Se veía tan hermosa como en sus sueños, como en su mente, como en su corazón.
Sus manos demostraban clara tranquilidad cuando sus manos el tocaba.

Quizá sea la última vez que vuelva a verla, el decía.
Tengo que entregarle este recuerdo que llevo noche y día.
Así no me olvidara señorita magnifica.

Le entrega un sobre con unas letras escritas a mano con una frase conocida…

Eres real, sin dejar de ser magnifica.

Querida noche


Querida noche que al ocultarse el sol, a diario, me acompaña.

Como hoy, como anoche, como todos los días que estuvimos enfrentando nuestra soledad. Fuiste la única que supo entender lo que mi corazón guardaba. Creíste en mi desde el primer día en el que nos conocimos, y aunque no te conocía, en muchas cosas coincidimos. Tu también estabas sola, desprotegida, triste y solitaria. Prometiste no volver a enamorarte, no volver a enamorarte de esos artistas que solo utilizaron tu belleza como inspiración, y te dejaron sola, desgarrando tu corazón, sin darte alguna explicación.

La que me escucha, la que me abraza, la que me cuida. Eres tu mi querida noche.
No te confundas.
No dejaras de ser mi eterna compañera. Mi gran amor que a la distancia observo con detención. Escribiéndote a diario como siempre, pero no en hojas de papel, en hojas de mi corazón.

Deja de llorar mí querida noche. Tus lágrimas mojan el papel de esta carta.
Quizá en esta vida no podre estar contigo. Pero sabes que siempre estamos cerca. Y seguiré siendo el poeta que te mira, te sonríe, te hablo…
No dejare de amarte mi eterna compañera.

Con cariño.

Tú poeta.

El señor cuatro letras.


Caminaba solitario en una noche en la cual solo las estrellas iluminaban sus pasos. Se sentía solo y sin ganas de seguir. Culpaba a su suerte o a la injusta sociedad de la situación en la que se encontraba. Caminaba, cada vez, a paso más acelerado, luego corría, corría velozmente como intentando escapar de algo que quizá no lo perseguía, pero el continuaba. Escapaba de lo que él llamaba problemas y de los cuales había aprendido a escapar cobardemente.

Cuando las luces de los postes ya no alimentaban a la sombra que lo acompañaba, tuvo miedo, y busco compañía. Muchas estrellas se ofrecieron airosamente a hacerle compañía, lo cual el accedió de inmediato. Y no eran las estrellas culpables de su soledad o de su temporal compañía. El era un lobo solitario que aprendió a utilizarlas a su antojo, a sus ganas, a olvidar su eterna soledad con esos rayos de compañía.

El señor había olvidado sus responsabilidades, sus deberes, sus obligaciones. Olvido que era un señor, y comenzo a vivir una vida juvenil, una vida bohemia llena de impulsos e irresponsable. Ese señor había perdido el respeto de sus seres queridos, la seriedad, la capa de héroe que solía tener. El señor olvido que alguna vez tuvo una esposa grandiosa, una hijita que lo amaba y lo esperaba cada noche que llegara, o a la distancia alguna llamada, un pequeño hijo que esperaba más, esperaba convertirse en su retrato. El señor olvido que tuvo una familia.

El señor que algún día se llamo PAPA, ahora era el señor de las cuatro letras.

La cita


Ella esperaba junto a su consciencia con la seguridad de que el no llegaría. Se resigno a frotarse las manos para olvidarse del frio, y a buscar alguna excusa para quedarse a esperar por cinco minutos más, por si acaso, aun sabiendo que no había nada que esperar.

No era la primera vez que hacia esto. No sería la última. Pero a veces luchamos por romper una clara verdad, y contradecir la seguridad y poder darnos con la sorpresa de reconocer: “ME EQUIVOQUE”. Pero esos cinco minutos se vuelves diez y los diez, veinte y los veinte en lágrimas.

Lagrimas ante la incertidumbre de no saber que se hace cuando te toca esperar.


***


Estaba muy nervioso.
Miraba el reloj constantemente, me abría paso entre la multitud de persona que van en sentido contrario a mi destino. Ya no existía excusa alguna. Habían pasado más de veinte minutos de retraso en el día más importante de mi vida. Podía sentir como el anillo quemaba dentro de mi bolsillo.

Tuve que poner toda la ciudad al revés para poder encontrarlo, y no había sido capaz de encontrar el anillo perfecto hasta este último momento. Sé que podría compensar mi torpeza.

La amo con locura.
Con desesperación.
Subo las escaleras apresurado a su encuentro, y la veo….

La veo sentada a la distancia…

Querido poeta


Aunque esta carta parezca un reclamo créame no lo es. Desde hace ya algún tiempo no he vuelto a saber de usted. No sé si ya encontró mi reemplazo quizá deje de ser una buena compañía y se canso de mí. A pesar de todo, yo sigo a tu lado mi querido poeta. Te sigo acompañando por horas, por semanas y a todo lugar que vas.
Es muy triste saber que nuestra relación no era imprescindible para que usted siga escribiendo historias tan bonitas. Sonrío al pensar que quizá, estoy reencarnada en tu nueva razón para soñar, para amar, para creer, para querer, para sentir, para escribir.

Recordare siempre todos los momentos en los que estuvimos juntos y no existía nadie más que los dos, tú me mirabas, me sonreías, a veces llorabas y me hablabas. En cambio, yo, te cuidaba, te acompañaba y te abrazaba.

El injusto tiempo y las pocas probabilidades de que te quedes conmigo para siempre son casi nulos, he aprendido a resignarme. No es la primera vez que me sucede. Siempre me utilizan de la misma manera. Me conocen como inspiración y luego me dejan de lado sin motivo, sin razón.

A esto, le agrego el hecho de que usted, es un ser humano, lo cual lo hace vulnerable a los sentimientos. No tengo nada que reclamarle mi querido poeta. Sé que aunque ya no me miras como antes, siempre escribes en mi compañía, te puedo ver a lo lejos desde tu ventana como creas párrafos con tu única herramienta conocida. Tu imaginación.

Tienes que saber que nunca dejare de ser tu eterna compañera mi querido poeta.

ATTE

La noche.