Es real

En tus brazos, puedo sentirme en casa
Y me siento como no me sentí antes
Si es que tú sientes lo mismo, házmelo saber
Por qué no hay nada peor, que morir sin conocer

Que es real, que no soy el único
Que es real, que tu no solo estás jugando
Con mi Corazón, que pide una respuesta
si es real, que es real.

Eres mi ángel que cayó a la tierra
y de tus ojos puedo ver mi futuro
No puedo estar contigo
y no es mi decisión
Decir adiós no es una opción
No digas nada por favor.

Soy una víctima más del amor
Y estoy seguro de no estar buscando dolor
Pero reconozco las señales de mi mirada
Espero que no sea muy tarde para poder cambiarla
Que es real, que no soy el único
Que es real, que tú no solo estás jugando
Con mi Corazón, que pide una respuesta
si es real, que es real.

En tus brazos, puedo sentirme en casa.

No te vayas ahora

No me dejes solo cuando más te necesito, mi vida se ha vuelto caótica estos últimos meses y no sé lo que me está pasando, se que últimamente mis reacciones han sido por lo general negativas he bloqueado todo intento de ayuda por parte de ti, porque creí poder hacer frente a todo solo.

Me equivoqué.

Ahora te pido que no te vayas ahora, cuando todo a mí alrededor me está quemando, y me consume lentamente, ya no me quedan fuerzas de seguir luchando y te necesito conmigo para continuar en esta batalla en la que vamos perdiendo por cantidad.

Por favor quédate.

No desaparezcas cuando el mundo está llamas, no desaparezcas cuando mi corazón te llama. Sé que mi locura te está llevando a un camino similar pero mira el lado bueno a las cosas, ahora todo tiene diferente sentido para ti, has abierto los ojos a un mundo lleno de colores y sentimientos que flotan en el aire. Cúlpame de tu incontenible distracción reciente, observas mas, escuchas menos. No deberíamos jugar a ser Dios y deshacer lo que el destino unió.

No te vayas ahora.

Cómo eres

Como el sol que se esconde en el fondo del mar,
Como la brisa que se funde con mis ganas de soñar
Como un barquito de madera
que guardo con recelo bajo mi escalera.
Como la frazada que en las noches de invierno me abriga

Como la espina en mi corazón
que se refugia en él y no me duele
Como las alas de un ángel que me cuida
me dan calor y siempre viene.
Como el unicornio blanco de los cuentos de hadas
vienes, te vas, regresas y vuelves a volar.

Como el agua que quiero tener,
que me deja sediento aun después de beber
Como las velas que prendo en la noche
y me dan su luz en la oscuridad,
me dan compañía frente a mi soledad.
Como la pluma que flota en el aire y se deja llevar
yo se que con el tiempo te llegare amar.

Como la niña, mi amiga, mi sueño
la mujer perfecta en toda mi vida,
la que vuela libre en el cielo,
no se deja llevar, no tiene dueño.

Me gusta cómo eres.

Regresando de vacaciones

Me pregunto cuantas veces he dejado la hoja en blanco, aun sabiendo o creyendo saber lo que quiero escribir. La maqueta mental que fabrico en mi mente, no es más que un conjunto de ideas desorganizadas que se abalanzan unas a otras tomando una postura conflictiva y confusa que crea un entorno hostil dentro de mi cabeza que no permite que los más increíbles y vagas ideas salgan a flote por el miedo a ser destruidas o lastimadas en su intento de ser escuchadas.

Tiempo, paciencia, determinación y ganas (muchas ganas) es lo que necesito para sentarme frente a una hoja en blanco y empezar a escribir. Suelo dejarme llevar por la idea más fuerte en el preciso instante en el que hago un recuento de ellas. Amor, odio, muerte, fantasía, sueños, creencias, ideas subversivas de cambiar el mundo, son las ideas más comunes en mi repertorio imaginario. Después de muchas noches sin escribir, hoy lo hago porque la licencia de “no hacerlo” ha expirado.
Luego de unas satisfactorias vacaciones frente al mar de un conocido balneario ubicado al norte de Lima, sin dejar de mencionar también, las incontables amanecidas abusando del alcohol y mi jovialidad en las reuniones con amistades conocidas, estoy relajado y ansioso por seguir compartiendo mis nuevos escritos con tod@s mis amig@s lectores del blog. Recuerden que el blog se mantiene vivo gracias a sus comentarios y visitas.

Nos leemos pronto
Con cariño para todos.

ZeroZ

En la calle

Esta noche dormiré en la calle, me recostaré en la silla de aquel parque muy cerca de ese lugar que me trae muy buenos recuerdos y me abrigaré con ellos, me envolveré en la noche pensando en nada, concentrando todo centímetro de mí para evitar las brisas congeladoras que arremeten con fuerza sobre mi alma.

Mi alma, lo único que me pertenece, lo único de lo que soy dueño, aunque siento que no debo menospreciar mis ideas, mis creaciones, mis amigos imaginarios y mis sueños. Mi cuerpo convulsiona intentando contrarrestar el frío que adormece los músculos del cuerpo y me somete a resistir una insistente presión sobre mis costillas que me van quitando la respiración, un dolor en el abdomen insoportable que se apodera de mí, que me vence en esta triste y solitaria noche de invierno.

Ya no siento mis manos, intento calentarlas con mi profundo aliento, las froto contra el piso y nada, están adormecidas, adoloridas, las siento como dos pedazos de carne congeladas. Junto los arrugados periódicos que guardo en mi bolsillo derecho y me los introduzco en la ropa como calentadores internos, guardo algunos para prenderlos con el mechero que escondo en mi zapatilla rota que descubre los dedos de mis pies cual sandalia mal hecha. Y sonrío por mi deplorable situación. Estoy alegre de haber sobrevivido el día y esperanzado en sobrevivir la noche. Enciendo con el mechero los papeles simulando una fogata pero el viento corre muy fuerte y hace volar mi papel, vuela libre, como las hojas de los arboles que viajan a su lado. Y vuelvo a sonreír.

Una gota cae sobe mi rostro, la inminente lluvia borra la sonrisa, aun así decido no hacer nada, quedarme quieto como esperando crear un aura protectora que me proteja de la lluvia y el frío, pero al parecer, estoy fracasando en mi intento por que la lluvia se vuelve copos de nieve que convierten el oscuro parque a un estadio de color vainilla que me detengo a observar e imaginar niños jugando con la nieve y creando muñecos gordos con sus respectivas narices de zanahoria.

Ya casi no siento el frío, el vapor que emite mi aliento ya se va desvaneciendo, mi barba, mis cejas, mis pestañas, están cubiertas por finas chispitas de nieve que me convierten en un muñeco de nieve más. Sigo inmóvil, mirando el cielo que sigue llorando nieve, que sigue acompañándome en esta fría noche de invierno, que me cuida, que me protege, que me acompaña. Mi último suspiro se pierde con el aullido de un perro viejo. Y cierro los ojos, sonrío, y muero.